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Terra
La Coctelera

Buenos días, buenas tardes, buenas noches

Como ya dije en mi anterior post, la sonrisa es una de las claves de la alegría. Esto se pone de manifiesto cualquier día en el que uno sale a la calle y se va fijando en la gente con la que se cruza. A mí, que soy del norte, mis amigos que son de fuera me comentan mucho que la gente es muy cerrada y que ni saluda por la calle. La verdad es que a mí no me parecería lógico eso de ir saludando a todo aquel con el que te cruzas, aunque fueran dos o tres. No sé, si no les conoces no veo por qué les vas a tener que saludar. Tampoco quiero decir que haya que mirar a la gente con desprecio, pero de ahí a hacer como que conoces a todo el mundo hay un trecho bastante amplio.

No ocurre lo mismo cuando vas por el monte. Yo no suelo ir mucho, pero las veces que he ido siempre que te cruzas con otros excursionistas hay saludo de cortesía, habitualmente un “aupa” que, en los últimos tiempos, ha sido reducido a un “epa”. Esta situación es distinta porque todos se encuentran dentro de un mismo contexto, a veces incluso sufriendo por el cansancio o la dureza del recorrido, por eso unas palabras de ánimo siempre vienen bien.

Sin embargo, lo que más gracia me hace es cuando te cruzas con un conocido que no sabes si él te reconoce, o viceversa. En esas ocasiones suele suceder que uno de los dos aguanta la mirada esperando que el otro amague un saludo, cosa que pocas veces sucede. También son interesantes las técnicas utilizadas cuando tú vas sólo en plan “malote” y te dedicas a mirar a la gente con complejo de superioridad. Ahí, lo mejor que se puede hacer es aguantar la mirada todo lo que se pueda. El vencedor de uno de esos míticos duelos de miradas siempre queda como el más grande.




La alegría de la vida

Hoy quiero romper una lanza en favor de aquellos que sufren las quejas de una buena parte de la sociedad. Me explico. Yo convivo con mucha gente y en lo que llevo de vida puedo decir que yo mismo he sufrido una evolución en cuanto a mi carácter. Antes, sólo pensaba en mí mismo y en mis propios intereses, quejándome a todo el mundo si las cosas no salían como yo esperaba. Sin embargo, llegó un momento en el que ya no me aguantaba no yo mismo. A partir de ahí, decidí cambiar mis quejas por sonrisas y ayuda a los demás.
Eso me gustaría que hiciera el resto de la gente. Por suerte, yo he tenido la oportunidad de formarme bien como persona y descubrir valores en los demás que me impulsa a luchar por conseguirlos. Mucha de la gente que conozco se pasa el día medio amargado por distintas razones y, sobre todo, quejándose a los demás de cosas fortuitas o que sólo ellos son capaces de resolver.
He de decir que odio todas esas cadenas que se pasan por mail de "5 minutos sin móvil" o "manda esto a 20 amigos o algo malo te sucederá" pero, en esta ocasión, me gustaría lanzar un llamamiento social para que todo el mundo lleve una gran sonrisa en su boca. Aunque parezca muy cursi, es algo que beneficia a uno mismo y a los demás.

Descerebrados jugando a periodistas

Mi primer artículo está dedicado a todos aquellos bloggers que han creado un espacio virtual para ser un sucedáneo de periodistas. La nueva oleada de nuevas formas de comunicación tiene su estandarte en los blogs que circulan por la red. Fáciles de crear, gratuitos, donde puedes expresar todo lo que quieras. Los administradores de los blogs juegan a ser periodistas, diciendo cualquier insensatez y quedándose tan anchos. Por supuesto, no me estoy refiriendo a todos los bloggers, ya que hay algunos blogs que son realmente dignos de alabanza. Tampoco me meto con aquellos que usan su blog para el disfrute personal, colgando sus fotos y comentando la jugada del fin de semana. Todo lo que sea uso personal me parece totalmente lícito. Lo que critico son aquellas personas que dedican su blog a hablar de lo que le sale de las narices, muchas veces sin fundamento. El caso más corriente es el de la política. Gente que asegura, ya no es opinar, en tal caso me callaría, en decir tal cosa y tal otra, con o sin razón, pero vamos, que aquello parece la Biblia en vez de un puñetero blog. Encima, si les llevas la contraria ya te están llamando intolerante, fascista o rojo, cerrado de mente y mil gilipolleces más. Por eso, creo que llamar a esto una nueva forma de comunicación no es del todo correcto; más bien es una forma de opinión que, en algunas ocasiones, informa mejor que otros medios. Sin más, creo que debería haber una ética que todo el mundo debería seguir, o si no esto va a decaer pronto.